Democracia Electrónica

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Bajo esta y otras denominaciones (e-Democracia, Democracia Digital, ciberdemocracia, teledemocracia, etc.) se engloban aquellos usos más o menos intensivos y extensivos de las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación para facilitar la participación de los ciudadanos en las diversas formas de Democracia.

Es un campo que intersecta con el de la Democracia Directa, ya que puede haber democracia electrónica no directa y democracia directa no electrónica.

Uso superficial de la tecnología en asuntos políticos

La Democracia Electrónica no debe confundirse con la Administración Electrónica ni con el uso de la tecnología a efectos meramente comunicativos por parte de los políticos (lo que algunos denominan Política 2.0) sin variar los mecanismos nucleares del sistema.

Podría hablarse de un dipolo formado por un uso superficial de la tecnología y un uso profundo que afecta al propio núcleo del sistema de gobierno, a lo largo del cual se posicionan los diferentes agentes: hoy en día la práctica totalidad de los sistemas de gobierno están aún en el dipolo tecnológicamente superficial.

Necesidad, oportunidad, posibilidades

Existen diferentes colectivos convencidos de que el uso de la Democracia Electrónica abre una gran oportunidad para avanzar desde la Democracia Representativa hacia una Democracia Directa.

La extensión de las NTIC ha alcanzado hoy día prácticamente todas las áreas de la vida social y cultural de las sociedades avanzadas. Sin embargo, su aplicación al sistema democrático de gobierno ha sido muy escasa. La propia crisis del sistema representativo hace urgente -en opinión de algunos partidarios de la Democracia Electrónica como Democracia Directa Digital- la aplicación profunda de dichas tecnologías para dar un salto cualitativo en dicho sistema y trasformarlo en un sistema de democracia directa real y efectiva.

Según estos partidarios del uso profundo de la Democracia Electrónica, del mismo modo que Internet ha hecho que se derrumben cadenas de distribución tradicionalmente prolijas, lentas y costosas como las de los productos culturales o los servicios de reservas, puede provocar el mismo efecto en la obsoleta cadena de la representación de la voluntad popular (ciudadano > partido > cargo electo > grupo parlamentario > gobierno o entidad legislativa > acción de gobierno).

Y el colapso no sólo se produciría en extensión sino en temporalidad: argumentan que ahora se nos hace creer que son necesarios 4 años de incomunicación y de soberanía durmiente, cuando la tecnología puede facilitar la trasmisión de dicha voluntad en tiempo real. Pero no sólo sería colapsable esa cadena sino que al mismo tiempo se ampliaría el campo de actuación (o de decisión): ya no sólo tendría sentido un referéndum ocasional para las grandes decisiones, sino que es factible un referéndum para todos y cada uno de los temas que afectan a la vida pública, una especie de referéndum múltiple y permanente.

Problemas

Uno de los mayores obstáculos que necesita superar la democracia electrónica es el de la identificación de ciudadanos al tiempo que se asegura la privacidad del voto. Los ciudadanos deben tener algún tipo de identificación segura que los proteja de la usurpación de su identidad. La necesidad de permitir el voto privado mientras al mismo tiempo se asegura la identidad del votante, puede ser resuelta usando ciertos métodos criptográficos.

Hasta ahora las soluciones técnicas no ofrecen una garantía al mismo nivel que las que dispone el método de votación en urna, previa presentación de un carnet de votante censado. Disponemos en las redes telemáticas de sistemas básicos nombre-contraseña, incluso de diversos tipos de firma digital, algunas emitidas incluso por organismos oficiales como la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre; pero hasta fechas recientes ninguno podía integrarlos todos y ofrecer al mismo tiempo seguridad, disponibilidad y facilidad de uso.

Actualmente las medidas puestas en marcha por el gobierno español pueden solucionar este obstáculo técnico mediante la masiva implantación del DNI digital. Una vez que cada ciudadano disponga del suyo, el mayor obstáculo técnico para la trasmisión segura y no manipulable del voto mediante las NTIC está prácticamente solucionado. Quizás haya que invertir partidas presupuestarias (municipales, nacionales... tal vez europeas) para que cada hogar cuente con uno o varios lectores de estos dispositivos conectables a los teléfonos móviles y los aparatos de TV (vid. La TDT como medio para el voto electrónico), pero la solución (al menos en España) viene claramente de mano del DNI digital:

"Articulo 1.5: La firma electrónica realizada a través del Documento Nacional de Identidad tendrá respecto de los datos consignados en forma electrónica el mismo valor que la firma manuscrita en relación con los consignados en papel." (REAL DECRETO 1553/2005, de 23 de diciembre de 2005)

Por tanto parece difícil que sea válida a unos efectos y a otros, como la identificación en un voto telemático, no.