En este contexto los canales de comunicación se convierten automáticamente en fuente de poder sobre lo (hiper)real y los agentes políticos tradicionales pasan a ser actores (dominados por las reglas del espectáculo).
Da en el clavo con la analogía: mediante los medios de masas, la política se trasforma en espectáculo y el político en actor de un show en el que ciudadano se limita a ser espectador pasivo e inevitablemente manipulado.


